9 julio, 2026

El 33% de los conductores canarios admite conducir medicado

La consulta médica y la farmacia aparecen como los momentos más eficaces para advertir de los posibles efectos de determinados medicamentos sobre la conducción.

Medicamentos al volante en Canarias

Un estudio alerta de que entre el 5% y el 10% de los accidentes de tráfico en España podrían estar relacionados con el consumo de fármacos, mientras persiste una falsa sensación de seguridad entre los conductores.

  Los medicamentos continúan siendo uno de los factores de riesgo menos percibidos por los conductores, pese a que pueden alterar la atención, los reflejos o la capacidad de reacción al volante. En Canarias, el 33% de los conductores reconoce conducir después de haber tomado medicamentos que pueden afectar a la conducción, según revela el estudio Fármacos y Conducción, elaborado por Fundación MAPFRE y Fundación Bidafarma, en colaboración con la Dirección General de Tráfico (DGT), el Consejo General de Colegios Farmacéuticos y la consultora Salvetti Llombart.

El informe también pone de manifiesto una importante contradicción entre el conocimiento del riesgo y el comportamiento real de los conductores. Aunque el 86% de los canarios considera que determinados medicamentos representan un riesgo elevado para la conducción, solo el 24% afirma extremar las precauciones cuando los consume.

La investigación revela además que el 79% de los conductores habituales del Archipiélago ha tomado en los últimos años medicamentos que pueden influir en la conducción. A pesar de ello, el riesgo sigue sin formar parte de los hábitos preventivos de una parte importante de la población.

Los expertos advierten de que esta situación no es menor. Se estima que entre un 5% y un 10% de los siniestros de tráfico registrados en España podrían estar relacionados con los efectos secundarios de determinados tratamientos farmacológicos.

La falsa sensación de control

Uno de los aspectos que más preocupa a los investigadores es la confianza excesiva que muchos conductores depositan en su propia capacidad para valorar si están en condiciones de conducir.

A nivel nacional, el 61% de las personas que toman medicación considera que su tratamiento afecta poco o nada a su capacidad para conducir. Ese porcentaje aumenta hasta el 73% entre quienes, pese a medicarse, continúan utilizando el vehículo con normalidad.

Sin embargo, la realidad demuestra lo contrario. Casi la mitad de los conductores medicados reconoce haber experimentado síntomas como somnolencia, fatiga, disminución de los reflejos, pérdida de atención o un tiempo de reacción más lento tras ingerir determinados medicamentos.

Aun así, la respuesta más habitual no es dejar de conducir, sino reducir la velocidad o intentar extremar la precaución.

El riesgo va mucho más allá de los ansiolíticos

El estudio señala que la mayoría de los ciudadanos identifica fácilmente el peligro asociado a medicamentos para dormir, tratar la ansiedad o la depresión. No ocurre lo mismo con otros tratamientos de uso mucho más frecuente.

Antigripales, antihistamínicos, antitusivos, relajantes musculares o incluso algunos productos naturales destinados a favorecer el sueño también pueden afectar a la capacidad de conducción, aunque gran parte de los conductores desconoce sus posibles efectos.

A ello se suma el aumento de la polimedicación y del consumo de medicamentos sin receta, circunstancias que pueden incrementar el riesgo cuando se combinan distintos tratamientos o se mezclan con alcohol u otras sustancias.

Mucha información… pero poca prevención

Uno de los datos más llamativos del informe es que el problema no parece estar relacionado con la falta de información.

El 95% de los conductores canarios medicados asegura haber recibido advertencias sobre los riesgos de conducir tras tomar determinados medicamentos y, a nivel nacional, el porcentaje alcanza el 93%.

Sin embargo, esa información apenas modifica el comportamiento de muchos conductores. Los investigadores detectan una importante brecha entre conocer el riesgo y actuar en consecuencia, especialmente entre quienes siguen conduciendo mientras están bajo tratamiento.

Según los expertos, el principal desafío consiste en convertir esa información en un hábito preventivo tan interiorizado como evitar conducir bajo los efectos del alcohol o cuando se tiene sueño.

El papel clave de médicos y farmacéuticos

El estudio concluye que la prevención debe comenzar incluso antes de iniciar el tratamiento.

Los profesionales sanitarios son la fuente de información que genera mayor confianza entre los pacientes. La consulta médica y la farmacia aparecen como los momentos más eficaces para advertir de los posibles efectos de determinados medicamentos sobre la conducción.

Por este motivo, las entidades impulsoras del estudio han puesto en marcha una campaña de sensibilización que llegará a farmacias de toda España mediante materiales informativos dirigidos a los pacientes y una guía práctica para farmacéuticos.

Además, los expertos consideran necesario reforzar la visibilidad del pictograma que identifica los medicamentos que pueden afectar a la conducción. Aunque lleva presente en algunos envases desde 2007, un 42% de los conductores reconoce no identificar correctamente su significado.

El objetivo es incorporar la toma de determinados medicamentos al mismo nivel de alerta que otros factores de riesgo ampliamente asumidos por la sociedad, como el alcohol, el cansancio o las condiciones meteorológicas adversas.

El mensaje que deja el estudio es claro: antes de arrancar el vehículo, los conductores deberían preguntarse no solo si han bebido o si tienen sueño, sino también si el medicamento que han tomado puede poner en riesgo su seguridad y la del resto de usuarios de la vía.

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